Para toda Latinoamérica, su voz es mensaje y su figura es prototipo de las aspiraciones generosas. Los pueblos que liberó su espada, conservan la esperanza de que sus hombres revivan el espíritu de Simón Bolívar y completen su obra.El Congreso de Venezuela, temeroso de que la presencia del Libertador volviera a disipar los proyectos separatistas, pone como condición a todo diálogo su exclusión del territorio nacional: es el más duro de los ultrajes y el más triste de los hechos históricos de nuestra república.
Así, el Congreso colombiano, designa un nuevo presidente que no asume por lo pronto el poder; el general Rafael Urdaneta, se hace cargo del gobierno el 5 de septiembre, instando al Libertador a volver. Éste, que se halla en ruta a la costa atlántica con el propósito de pasar a Europa, encuentra por el deterioro de su salud el desenlace de su ciclo vital.
Joaquín de Mier, un hidalgo español, le da hospitalidad en la quinta San Pedro Alejandrino, cerca de Santa Marta, y lo atiende en su última enfermedad un médico francés, Alejandro Próspero Reverend, que ganó con su afecto por el noble paciente la gloria de la inmortalidad. Historiadores médicos discuten hoy acerca del tratamiento que indicó Reverend: lo cierto es que ya la inmensidad de la figura y de la obra de Bolívar no cabían en el escenario de su vida.
Sabía que iba a morir, por lo que se preparó dejando un mensaje inolvidable en el que sus últimos deseos los expresaba y el sacrificio de su existencia lo ofrecía, para recomendar el mantenimiento de la unión grancolombiana. El obispo José María Estévez, de Santa Marta, y el cura de Mamatoco, Hermenegildo Barranco, le dieron los últimos auxilios religiosos.
El 17 de diciembre de 1830 le sorprende la muerte, en San Pedro Alejandrino, una hacienda cercana a Santa Marta. Su última proclama, firmada el día 10, después de haber recibido los auxilios espirituales de un sacerdote, es un elocuente testimonio de su grandeza, de su desprendimiento y de la rectitud de su espíritu. “Es, también, y sobre todo, un legado donde señala rumbos hacia el futuro.”
Panteón y exhumación
Sus restos, inhumados solemnemente en la catedral de Santa Marta, fueron trasladados a la catedral de Caracas en 1842, en apoteosis presidida por el general Páez y narrada en párrafos neoclásicos por Fermín Toro. De la catedral pasaron, en el gobierno de Guzmán Blanco, al Panteón Nacional, un templo donde predomina la afirmación de su grandeza. En medio de su increíble actividad, la soledad de su espíritu se resentía de la falta de un verdadero amor.
Los restos del prócer de la independencia sudamericana del siglo XIX, fueron exhumados para determinar las causas de su muerte y despejar las sospechas del gobierno de Hugo Chávez de que el héroe fue envenenado por sus enemigos.
La osamenta de Bolívar fue exhumada la madrugada del viernes 16 de julio del 2010 y, por la noche, exhibidas por la televisión en un breve video que mostraba desde una toma aérea a un grupo de personas ataviadas con guantes, batas y mascarillas abriendo la urna y manipulando los restos.
“Ahí está Bolívar vivo, más que un esqueleto. No es un esqueleto, es el gran Bolívar, que ha vuelto. Ahí está lanzando su rayo sobre un pueblo que lo amará para siempre”, comentó las imágenes el presidente Chávez, quien horas antes declaró haber llorado ante la visión de los restos del prócer.
“¡Qué momentos tan impresionantes hemos vivido esta noche! Hemos visto los restos del gran Bolívar. Confieso que hemos llorado, hemos jurado. Les digo: tiene que ser Bolívar ese esqueleto glorioso, pues puede sentirse su llamarada“, declaró.
El presidente venezolano detalló que se tomaron “muestras para los exámenes de ADN, para certificar científicamente que esos son los restos de nuestro padre Bolívar” y que participan expertos de España y Venezuela.
“Se tomaron tomografías del cráneo y todos los huesos”, así como rayos X del cuerpo para “investigaciones posteriores”, explicó Chávez. Hasta los momentos no se han sabido los resultados.
Sus restos, inhumados solemnemente en la catedral de Santa Marta, fueron trasladados a la catedral de Caracas en 1842, en apoteosis presidida por el general Páez y narrada en párrafos neoclásicos por Fermín Toro. De la catedral pasaron, en el gobierno de Guzmán Blanco, al Panteón Nacional, un templo donde predomina la afirmación de su grandeza. En medio de su increíble actividad, la soledad de su espíritu se resentía de la falta de un verdadero amor.
Los restos del prócer de la independencia sudamericana del siglo XIX, fueron exhumados para determinar las causas de su muerte y despejar las sospechas del gobierno de Hugo Chávez de que el héroe fue envenenado por sus enemigos.
La osamenta de Bolívar fue exhumada la madrugada del viernes 16 de julio del 2010 y, por la noche, exhibidas por la televisión en un breve video que mostraba desde una toma aérea a un grupo de personas ataviadas con guantes, batas y mascarillas abriendo la urna y manipulando los restos.
“Ahí está Bolívar vivo, más que un esqueleto. No es un esqueleto, es el gran Bolívar, que ha vuelto. Ahí está lanzando su rayo sobre un pueblo que lo amará para siempre”, comentó las imágenes el presidente Chávez, quien horas antes declaró haber llorado ante la visión de los restos del prócer.
“¡Qué momentos tan impresionantes hemos vivido esta noche! Hemos visto los restos del gran Bolívar. Confieso que hemos llorado, hemos jurado. Les digo: tiene que ser Bolívar ese esqueleto glorioso, pues puede sentirse su llamarada“, declaró.
El presidente venezolano detalló que se tomaron “muestras para los exámenes de ADN, para certificar científicamente que esos son los restos de nuestro padre Bolívar” y que participan expertos de España y Venezuela.
“Se tomaron tomografías del cráneo y todos los huesos”, así como rayos X del cuerpo para “investigaciones posteriores”, explicó Chávez. Hasta los momentos no se han sabido los resultados.